OPPENHEIMER (2023)
Dir. Christopher Nolan
Esta nueva cinta del director Christopher Nolan, basada en la novela “El prometeo americano: El triunfo y la tragedia de J. Robert Oppenheimer”, relata la biografía del físico creador de la bomba atómica y de su lucha por evitar una guerra armamentística a mediados del siglo XX.
Tras haber utilizado el tiempo como la más importante de las armas en la incomprendida y complicada Tenet, el cineasta británico-estadounidense regresa, ahora de la mano de Universal, con una de las mejores películas de su carrera. Y es que la brillante ‘Oppenheimer’ es una oda de tres horas por la vida del director del proyecto Manhattan. Su intimidad, su mente, su carrera, sus hitos y su lucha después del éxito se entrelazan en un montaje que va y viene en diferentes tiempos narrativos y con dos narradores distintos, el propio Robert y su contraparte, Lewis Strauss.
Las dos primeras horas de este largometraje inician con unas imágenes de partículas que simulan una gran explosión pero que suceden en la cabeza del protagonista; una manera casi poética que encuentra el director para dar a entender que de ahora en más, la película nos contará que la detonación de la bomba atómica también tendrá lugar en su cabeza. El dilema ético y moral que enfrentará nuestro personaje principal y su pelea por detener lo que fue la carrera armamentística que advino con la guerra fría, se sentirán tan importantes como el mismo proyecto Manhattan.
Poco a poco se nos va contando la historia del estudiante universitario que se convierte en genio mientras establece vínculos con grandes personalidades científicas de todo el mundo. Esto se entreteje con sus tendencias comunistas y su vida personal. Su gran amistad con Hakon Chavelier, reconocido escritor, su casamiento con Kathy, una mujer fuerte, decidida, muy segura de sí misma, y su relación extramatrimonial con Jean Tatlock, todos militantes del partido comunista Estadounidense, llaman poderosamente la atención del FBI, el cual inicia una investigación exhaustiva para conocer más de este nuevo y extraordinario profesor de física.
Más adelante, luego de haber construido un nombre dentro de su especialidad, además de ser simpatizante del comunismo norteamericano, Oppenheimer es contactado por el general Leslie Groves (Mat Damon) para llevar a cabo la más importante de las misiones en plena Segunda Guerra Mundial (y, de igual manera, para mantenerlo controlado). Los alemanes han tomado la iniciativa y los aliados han empezado demasiado tarde. La edificación de Los Álamos en medio del desierto de Nuevo México comienza a plantear la dicotomía ética de nuestro protagonista, quien apasionado por la labor encomendada y además por el reconocimiento que esto traería consigo, está decidido a terminar su labor. No obstante, con el paso de los días y las semanas, empieza a comprender que lo que están armando en ese lugar es el arma de destrucción más masiva que haya existido.
Para estos minutos de metraje, Nolan ya nos tiene atrapados en las imágenes y el sonido. Una fotografía perfecta que oscila entre algunos primeros planos de nuestro protagonista y otros planos generales, sigue acrecentando la dicotomía planteada desde un principio. El uso del plano contraplano más asfixiante posible lleva a una cinta como ésta, basada en diálogos, al punto de reventar de tensión. Esto, claro, con una banda sonora plagada de melodías vibrantes que más que escucharse, se sienten retumbando dentro del físico protagonista y de cada persona en el teatro. El éxtasis llega al momento de hacer la primera prueba. ‘Trinity’ se convierte en una de las escenas más memorables del cine en los últimos años. El componente técnico avasallando hasta al más inerte de todos los sentidos.
El uso de ‘Little Boy’ y ‘Fat Man’, que no se muestra en pantalla en ningún momento, nos aleja de las ondas expansivas así como de las víctimas, a quienes se obvian durante las tres horas y que solo vemos representadas en la psiquis de un profesor perturbado por ser, quiera o no, el actor más determinante en sinigual matanza. La escena en la que celebra el logro de dar por terminada la guerra con aquellos dos bombarderos, puesta en antípoda con lo que siente y ve para sí mismo, es el pico más alto de la dualidad que se nos ha planteado hace más de una hora.
Después de esto, la película se convierte en una suerte de thriller político en el que Lewis Strauss narra las acciones gubernamentales subsecuentes a Hiroshima y Nagasaki. Nolan cambia el color por el blanco y negro y hunde en desesperanza los intentos de Oppenheimer por evitar el crecimiento de la energía nuclear como arma, previendo una posible guerra entre los soviéticos y su país. Robert, acusado de querer ayudar a los comunistas y evitar el desarrollo militar norteamericano, en una audiencia, que no juicio, alega su inocencia mientras lucha consigo mismo sobre los estragos de los que es máximo responsable como creador de la bomba.
Por otro lado, las actuaciones en los tres papeles principales son magistrales. Cillian Murphy proporciona una interpretación poderosa y matizada de Oppenheimer. Es capaz de capturar el genio y la vulnerabilidad del personaje, así como su lucha interna sobre el uso de la bomba atómica. Robert Downey Jr. es divertido y siniestro como Lewis Strauss. Es capaz de encontrar el humor en el personaje, pero también muestra su lado más oscuro y Emily Blunt es imponente como Kitty Oppenheimer. Es capaz de mostrar la fuerza y la determinación del personaje, así como el amor por su esposo.


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